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El stress de vivir en obra

El stress de vivir en obraAl encarar la reforma o ampliación del hogar, la familia debe prepararse transitar la ansiedad y la angustia que conlleva la alteración de la rutina y los problemas que indefectiblemente acompañan a las obras. Aquí algunas pautas para atravesarla con éxito.

“En un principio, uno tiene todas las expectativas y la ansiedad puesta en los cambios que se van a hacer porque se supone que son para mejor. Ahora no veo la hora de terminar”, resume María Cruz, harta de que todos los días surjan inconvenientes en la reforma de su casa, de convivir con gente extraña y de la mugre omnipresente. En esa situación se imponen dos sensaciones por sobre todas las demás: “Siento mucha frustración, siempre hay algo que no te gusta o no es como me lo imaginaba. Y también inseguridad, por no saber si lo que se está haciendo está bien. No tengo idea sobre el tema”, se desahoga.

El psicólogo Santiago Gómez, director de Decidir Vivir Mejor y del Centro de Psicología Cognitiva, explica que el primer paso para afrontar esta situación es la aceptación de los cambios. “Cuando entramos en obra tenemos que tomar conciencia y aceptar que la rutina y el orden de la casa van a alterarse. Esto significa que por un tiempo vamos a tener que convivir con estresores ambientales, ruidos molestos, el polvillo que vuela, la suciedad, que van a afectar nuestros hábitos cotidianos. Aceptar los cambios nos ayuda a no protestar y evitar el estrés frente a la alteración de la rutina”, describe Gómez.

El stress de vivir en obraEn el mismo sentido, la licenciada Gabriela Martínez, directora del Centro de Estudios Especializado en Trastornos de Ansiedad, explica que una obra pone a la familia en una situación de estrés que no es sencilla de sobrellevar fundamentalmente si se tiene en cuenta que en Argentina casi el 50% de la población tiene tendencia a sufrir trastornos de ansiedad. “Las personas ansiosas son controladoras de sus cosas y de lo que sucede a su alrededor. Al alterarse toda su rutina, aquello que le da seguridad se pone en tela de juicio”, señala la especialista. Así, la irritabilidad y la intolerancia de “vivir en obra” contribuyen a que la ansiedad no ceda. Todo esto en un contexto donde las contingencias son moneda corriente y abonan a la incertidumbre. El carpintero no fue a la obra por equis razón y eso atrasó al pintor por lo que el cuarto no va a estar listo en el tiempo previsto. Resultado: sumar otra noche de mal dormir porque la familia convive con la obra en la mínima porción de la casa que no está “patas para arriba”. Un combo complicado.

“Las personas ansiosas quieren que las cosas sucedan como ellas lo deseaban. Lo interesante es poder entender que un resultado diferente al esperado no es un fracaso”, destaca Martinez. En ese contexto, el arquitecto se convierte en la figura ideal para descargar el enojo. Para Martínez, habría que asimilar la relación cliente- arquitecto a la de un matrimonio con plazo de vencimiento. “Habrá cosas que gusten del arquitecto y otras que no, lo hemos elegido porque hay un proyecto en común que se resolverá en un tiempo”, compara. Siguiendo con la metáfora, mantener un diálogo fluido será fundamental para la relación.

El stress de vivir en obraEl arquitecto debe hacerse cargo de llevar la obra adelante y de calmar la ansiedad y la angustia de los dueños de casa, cuyo nivel de tolerancia corre a la inversa del paso del tiempo. “El arquitecto debe explicar claramente que las tareas en una obra son correlativas y es muy difícil cumplir los plazos acordados. Con lo cual es muy importante que de preavisos. Los imprevistos son inevitables desde el momento que las obras las llevan a cabo seres humanos y, como tales, sujetos a la falta de perfección”, aporta Martínez.

“La relación con el cliente determina la obra, yo creo que en la universidad deberían contemplar alguna materia de psicología”, apunta la arquitecta Paola Zini, que acostumbra mantener una reunión previa con toda la familia en la que les pinta el panorama con la mayor sinceridad posible. “Como profesional debo entender que mis clientes son personas que están poniendo en esta obra sus deseos, aspiraciones y todos sus ahorros”, destaca Zini. En ese sentido, la arquitecta pone el acento en la importancia de ubicar a la familia respecto a los costos que van a afrontar para que efectivamente puedan concluir la obra, balanceando dónde vale la pena gastar más y donde no.

“Cuando se encara una ampliación o una reforma aparecen en cada sujeto diferentes expectativas en relación a la obra, esto significa pensamientos e imágenes futuras sobre el resultado final. Tenemos que estar atentos para poder controlar los pensamientos que se anticipan de manera pesimista al resultado, lo cuales van a generar un estado de tensión y malestar en la persona”, aporta Gómez. Según el especialista, la baja tolerancia a la frustración dispara en una persona emociones como angustia, enojo e ira, que afectan su calidad de vida. “Las personas con pensamientos muy rígidos interpretan los hechos de la realidad en blanco y negro, lo cual hace que no puedan tolerar la frustración”, detalla Gomez. Una actitud saludable sería tener pensamientos flexibles frente a los obstáculos. Esto significa conductas proactivas, resolutivas, con aquellas situaciones que no salen como esperábamos, es decir, concentrarnos en soluciones frente a lo que no salió como esperábamos.

“La conflictividad en la obra es alta cuando hay improvisación profesional, y va de la mano de la gestión de tres variables relacionadas entre sí: tiempo, calidad y precio”, opinan los arquitectos Gustavo Di Costa y Christian Giani, a cargo del curso “Herramientas prácticas para pequeñas obras” que se dicta en el Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo. Hacia esos temas deberían apuntar las charlas previas entre cliente y arquitecto. En el primer caso, la familia debe convivir con la obra o buscar un lugar alternativo para alojarse. Por eso, el plazo de los trabajos debería ser lo más limitado posible técnica y económicamente. Tener en cuenta que todo cambio sobre la marcha tendrá un impacto en el plan de tareas implica no abusar del “ya que estamos…” y luego pensar que el fin de la obra quede inamovible. En definitiva, la calidad va de la mano del proyecto, los materiales y la técnica constructiva, cuestiones que se definen en conjunto con el arquitecto y de acuerdo al dinero disponible.

Respecto a los honorarios, Zini acostumbra identificarlos por separado del presupuesto, dejando bien en claro el alcance de sus funciones: “El arquitecto dirige los trabajos, que no es lo mismo que estar todo el día en la obra. Eso nadie podría pagarlo”, dice. Por último, vale un consejo para que la pareja sobreviva a la obra: “Es importante mantener el diálogo y la comunicación, llegar a acuerdos y negociaciones para que puedan estar los dos de acuerdo frente a los nuevos cambios que se van a realizar en la casa”, aporta Gómez. También es bueno sumar a los hijos, para que todos integrantes de la familia queden conformes y disfruten del nuevo proyecto.

Fuente: Clarin Arq | PAULA BALDO

 

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